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El pasado miércoles 12 de febrero, un grupo de colaboradores de Parque del Recuerdo vivió una jornada profundamente significativa en el Albergue Frieda Heller, lugar de acogida para niños y adultos con cáncer que llegan a Lima desde distintas regiones del país para recibir tratamiento en el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas. 

Antes de la partida, una foto grupal marcó el inicio de esta segunda visita organizada como parte de nuestras iniciativas apostólicas y solidarias. El albergue, con más de sesenta años de servicio, brinda hospedaje, alimentación y acompañamiento a pacientes y familiares que enfrentan con valentía el duro camino de la enfermedad. 

Bajo el lema “Sonrisas que iluminan”, los voluntarios compartieron juegos, un espectáculo de magia y otras actividades lúdicas con los niños y sus cuidadores. También se entregaron artículos de higiene y limpieza para colaborar con las necesidades del albergue. 

“Estoy muy feliz”, dijo una de las niñas. Otro pequeño, con sombrero y sonrisa radiante, nos compartió: “Me alegraron el día, muchas gracias a todos”. 

Juan Quispe, coordinador de iniciativas apostólicas de Parque del Recuerdo, reflexionó con sencillez: “En medio de las miradas y gestos que vivimos ese día con personas que experimentan tanto sufrimiento, vi voluntarios muy comprometidos. Se unieron al dolor del otro, compartiéndolo con respeto y ternura”. 

“Podemos ser luz en la vida de alguien con solo escuchar y estar presente” 

Entre los voluntarios, también estuvo Maribel Canchumanya, supervisora de gestión de personas en Parque del Recuerdo, quien acompañó esta actividad desde una experiencia profundamente personal: Ser madre de una niña que venció la leucemia

“Tuvimos la oportunidad de conocer y empatizar con los niños con un corazón dispuesto a robarles una sonrisa y que por un momento se olviden de todo ese proceso difícil que les tocó vivir. Mi compromiso fue llevar palabras de aliento y fortaleza a los padres de los niños, que la Fe lo puede todo, que entiendo por lo que están viviendo, que el amor de Dios y el amor de una madre/ padre lo puede vencer”.  

“Me llevé una grata experiencia y entendí el verdadero valor de la familia, la salud y el amor, que podemos ser luz en la vida de alguien con solo escuchar y estar presente. Estoy agradecida con Parque del Recuerdo por permitirme vivir esta experiencia y dar mi granito de arena”.  

Más allá del apoyo material, esta jornada fue una expresión concreta del compromiso de la Asociación Civil San Juan Bautista, propietaria de los camposantos Parque del Recuerdo, con quienes más lo necesitan. Nuestro deseo fue brindar una presencia cercana, humana, que reconozca y valore la dignidad de cada persona, especialmente en momentos de fragilidad. 

La experiencia dejó una huella profunda en cada voluntario, recordándonos que el verdadero servicio no se mide en cosas, sino en gestos que nacen del amor y la fe compartida. 

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