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El 18 y 19 de septiembre de 2025, los integrantes del Programa de Talentos de Parque del Recuerdo realizaron un voluntariado en Pamplona Alta, San Juan de Miraflores. En coordinación con la Asociación Proyectos Peruanos (ANDAR), levantaron una vivienda prefabricada para una madre soltera con dos hijos y un tercero por nacer.

Más que una construcción, la experiencia fue un encuentro de solidaridad y trabajo en equipo. Durante dos días de esfuerzo compartido, los colaboradores descubrieron que al unir fuerzas no solo se levantan paredes, sino también se construye algo más profundo: una oportunidad de esperanza.

Dos días, un mismo propósito

El primer día, nueve voluntarios partieron desde la sede central hacia Pamplona Alta. El camino no fue sencillo: calles en construcción, pendientes pronunciadas y tramos que debieron recorrer a pie. Sin embargo, la dificultad del acceso no apagó el entusiasmo.

Marco Sacatoma, miembro del equipo de apostolado que acompañó la experiencia, recuerda: “Todos estaban animosos de sumarse, aunque tenían temor porque nadie sabía cómo hacerlo. Ellos decían: ‘Es un reto más que un problema que solucionar’”.

Voluntarios del programa de talentos de Parque del Recuerdo - edición 2025, en Pamplona Alta Lima, construyendo una casa para una madre de familia.

Ese jueves se trabajó en la base de la casa y en el armado de las primeras paredes prefabricadas. El viernes, el grupo regresó para culminar la estructura y entregar la vivienda a la familia beneficiaria, no sin antes compartir víveres que los propios voluntarios habían llevado.

Aprendiendo en comunidad

La experiencia no solo fue un servicio concreto para una familia, sino también una escuela de vida. Flavia Barrera, supervisora de la oficina de transformación, resume así lo vivido:

“Participar en la construcción de la casa significó una oportunidad para salir de la rutina diaria en la oficina y poner en práctica el trabajo en equipo en un contexto distinto al laboral. Fue profundamente enriquecedor y me recordó la importancia de la empatía, la solidaridad y el impacto que podemos generar cuando todos nos unimos por un propósito común”.

Con igual convicción, Milagros Sumi, supervisora de funeraria, confiesa que este voluntariado fue una de las experiencias más gratificantes de su vida.

“No solo tuve la oportunidad de ayudar a una familia, sino que también aprendí a mirar más allá de mi propia realidad. Muchas veces nos dejamos absorber por la rutina y este proyecto me recordó lo valioso que es dar, compartir y estar presente para los demás”.

Talento con propósito

Milagros Sumi (colaboradora de Parque del Recuerdo), ayudando en la construcción de una casa en Pamplona Alta - Lima.

Milagros reflexiona sobre el verdadero aprendizaje de la experiencia: “Creo firmemente que ayudar a otros nos convierte en mejores personas. Aprendí que un verdadero talento no se mide únicamente por ser el mejor en lo que uno sabe hacer, sino también por la humildad de querer aprender más y aprender de los demás”.

Y añade: “Cuando unimos nuestras fuerzas y compartimos lo que sabemos, descubrimos que juntos podemos crecer, complementarnos y aprender unos de otros. Esa es la verdadera riqueza: la unión, el dar y el aprender. Justamente, ese es el propósito de este programa: desarrollar y potenciar nuestras habilidades para formarnos como personas íntegras”.

Una lección para crecer

En esa misma línea, Ricardo Reaño, analista de innovación, destaca cómo este voluntariado se conecta con el propósito del Programa de Talentos:

“Todas las experiencias nos traen nuevos aprendizajes, esta no fue la excepción. Parque del Recuerdo nos está dotando de herramientas que nos sirven para que, desde nuestra posición, podamos aportar valor”.

Ricardo Reaño (colaborador de Parque del Recuerdo), ayudando en la construcción de una casa en Pamplona Alta - Lima.

Ricardo se queda con una frase que marcó a todos los voluntarios: “Recuerden siempre, que en estas últimas 48 horas cambiaron la vida de una familia”. Con esas palabras de la monitora al culminar la jornada, comprendió la magnitud de lo vivido: “Al inicio del jueves todavía no había dimensionado lo que podíamos lograr en dos días. Al final del viernes me di cuenta de que aprendimos a trabajar en equipo, a comunicarnos mejor, a ayudarnos entre nosotros y a pedir ayuda. Eso mismo puede trasladarse a nuestra vida personal y profesional para alcanzar objetivos más grandes”.

En este mismo espíritu, Marco destaca lo que vio en la población local: “Algo que me impactó fue ver cómo los vecinos se ayudaban en la construcción de una casa que no era la suya”.

Una misión que trasciende

Este voluntariado deja más que una casa: deja una huella de esperanza en quienes la recibieron y en quienes la construyeron. Para los colaboradores de Parque del Recuerdo fue la oportunidad de reafirmar que el liderazgo auténtico nace del servicio.

Desde la Asociación Civil San Juan Bautista, propietaria de los camposantos Parque del Recuerdo, seguimos impulsando estas iniciativas porque creemos que cada gesto solidario refleja nuestra misión: acompañar a las familias en los momentos más difíciles y construir, también en la vida cotidiana, espacios de dignidad, encuentro y fe.

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